que justo en la raya afloja al llegar
y que al regresar parece decir:
no olvides, hermano,
vos sabes, no hay que jugar...
Por una cabeza
todas las locuras
su boca que besa
borra la tristeza,
calma la amargura.
La Lista de Schinder (1993).
Por una cabeza
si ella me olvida
que me importa perderme,
mil veces la vida
para qué vivir...
Mentiras arriesgadas (1994).
Cuantos desengaños, por una cabeza,
yo juré mil veces no vuelvo a insistir
pero si un mirar me hiere al pasar,
su boca de fuego, otra vez, quiero besar.
E incluso en anuncios como el de Seat León en 2009.
Basta de carreras, se acabó la timba,
un final reñido yo no vuelvo a ver,
pero si algún pingo llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero, que le voy a hacer.
Hago también una mención especial a la magnífica versión que hicieron el curso pasado unos alumnos que ahora están en 4º de ESO.
¿Y el tango en la Literatura? Lo cantó (tango o milonga) el gaucho Martín Fierro en la obra homónima de José Hernández: Cantando me he de morir / cantando me han de enterrar / y cantando he de llegar / al pie del Eterno Padre; / dende el vientre de mi madre / vine a este mundo a cantar.
El gran Jorge Luis Borges lo tuvo en cuenta en su obra. Y Manuel Puig introdujo, alternándolo con el bolero, en los capítulos de su novela Boquitas pintadas (1969), fragmentos de las letras de los tangos compuestos por Alfredo Le Pera, considerado en Argentina como el poeta del tango, y para los argentinos, el tango es sagrado.
Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de tus boquitas pintadas.
(en Rubias de New York)

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