¿Quién dijo que la puntuación de un texto no tiene importancia? Lean lo que me dijo Daniel Cassany que le contó María Novell.
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Bertrán del Vernet, caballero y trovador, se lo pasaba muy bien con las peleas de los nobles. En una ocasión escribió un serventesio cargado de mala intención para enfurecer a su vecino, Huguet Trencacolls, que tenía fama de hacer honor a su apellido y romper el cuello a quienes buscaban pelea. Bertrán mandó a su juglar, Ocell, al castillo vecino para cantar el poema.
El juglar se dirigió asustado hacia allí, ensayando la canción y pensando algún truco. Lo cantó y Huguet la encontró muy halagadora. No solo no había nada ofensivo en ella, sino que incluso le gustó y se lo agradeció con buenas palabras y regalos para el señor del Vernet. Cuando se enteró, Bertrán se quedó consternado. ¿Cómo podía ser que para Huguet fuera agradable un serventesio tan escatológico y repulsivo? ¿Quizá había perdido él la gracia de molestar? ¿Ocell había cantado la misma canción que él había escrito? Ocell le juró que se la había recitado palabra por palabra. Y así lo hizo.
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CÓMO LO ESCRIBIÓ BERTRÁN
Ratas de estercolero, de bigotes mojados,
limazas babosas, lagartija salada.
En la mesa de Huguet Trencacolls
no encontraréis mejor manjar.
En abundancia os llenará el plato.
Hug, ¡caray!, es un puerco, no es un señor.
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¿Cómo lo cantó el pobre Ocell para no perder el cuello? Hay diez minipuntos para quien me lo escriba y recite como lo hizo el juglar Ocell.

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